La piel es un órgano que posee diversas funciones biológicas, destacando como función principal proporcionar una barrera protectora frente a factores tales como temperaturas extremas, toxinas, radiación y agentes extraños que pueden causar distintas enfermedades.
Con el tiempo, la piel inevitablemente se ve afectada por el envejecimiento, existiendo dificultad para la regeneración celular, perdiendo sus propiedades como la integridad biomecánica, la elasticidad y la firmeza de esta, siendo susceptible a lesiones del medio ambiente y presentando dificultad para la cicatrización de heridas. Junto con esto, también la piel se vuelve flácida, adquiere manchas, marcándose además, líneas de expresión y las primeras arrugas, factores que se ven acompañados por deshidratación. La pérdida de agua y la posterior observación de ello a nivel cutáneo en una forma crónica, son responsables de la disminución en la calidad de vida de las personas, llevando a la descompensación de sus estados de ánimo y a altos niveles de ansiedad y depresión.

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