lunes, 7 de noviembre de 2016

Introducción

La piel es un órgano que posee diversas funciones biológicas, destacando como función principal proporcionar una barrera protectora frente a factores tales como temperaturas extremas, toxinas, radiación y agentes extraños que pueden causar distintas enfermedades.


Con el tiempo, la piel inevitablemente se ve afectada por el envejecimiento, existiendo dificultad para la regeneración celular, perdiendo sus propiedades como la integridad biomecánica, la elasticidad y la firmeza de esta, siendo susceptible a  lesiones del medio ambiente y presentando dificultad para la cicatrización de heridas. Junto con esto, también la piel se vuelve flácida, adquiere manchas, marcándose además, líneas de expresión y las primeras arrugas, factores que se ven acompañados por deshidratación. La pérdida de agua y la posterior observación de ello a nivel cutáneo en una forma crónica, son responsables de la disminución en la calidad de vida de las personas, llevando a la descompensación de sus estados de ánimo y a altos niveles de ansiedad y depresión.  


A modo de solución para estas inquietantes universales, se han llevado a cabo distintas investigaciones en relación el tema, pero muchos de los avances tecnológicos y estudios relacionados con la piel, no han tenido como foco principal el restaurar sus propiedades mecánicas, sino que en los aspectos más estéticos de esta para que coincida con su estado original y juvenil. Sin embargo, recientemente, en un artículo publicado el 9 de mayo de 2016 en la revista Nature Materials, anunció un nuevo descubrimiento realizado por un grupo de científicos de Massachusetts Institute of Technology (MIT), Living Proof y Olivo Labs, el cual consiste en el desarrollo de una “segunda piel”, la cual es capaz de atenuar arrugas, manchas, permitir mayor hidratación y eventualmente ser utilizada para tratar enfermedades que afectan a la piel mediante la incorporación de fármacos.




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